Xaneiro 2010 o de como un gallofo .... (VII)
Enviado por: Gloria
Fecha: 10 de marzo de 2010, 10:53

Xaneiro 2010 o de cómo un gallofo y varios peregrinos me ayudaron a llegar a Santiago.



A Angelika, pequeña gran peregrina, y a su hospitalero Jabato.


VII.- “¡Ay va! La cartera …”

(Era más tarde de la una y media y dejábamos atrás Melide…)


Caminamos formando una piña pero a buen ritmo, mis nuevos acompañantes están en una forma física envidiable y no paramos hasta después de la pronunciada bajada que nos lleva a Boente y a su pequeña ermita de Santiago. Allí, tomo una estampita en inglés para regalársela a la peregrina polaca y cuando voy a depositar como donativo la única moneda que recuerdo que me queda, me doy cuenta de que mi cartera no está en el bolsillo posterior del pantalón.

Desde agosto de 2.002 que esa cartera amarillo chillón me ha acompañado siempre. Hoy su color empieza a cuestionarse, pero es cómoda y lavable, lo cual no significa que la haya lavado nunca. De inmediato me doy cuenta de que fue en mi “parada técnica” donde se me cayó, justo allí donde le comenté a Pepe que los hombres lo tienen mucho más fácil que las mujeres. Pero… ¿dónde está ese concreto “allí”?. Agustín se ofrece a desandar camino para ir a buscarla pero me siento incapaz de describirle el lugar. Así pues, Angelika se queda en la ermita con las mochilas, y nosotros volvemos sobre nuestros pasos, remontando la plácida bajada. Por el camino nos cruzamos con dos peregrinos de Narón que a preguntas de Agustín, manifiestan que no han visto mi cartera en el Camino, pero es evidente que mi parada no fue en medio del Camino ¡Qué ideas tienen los hombres!

Después de un par de kilómetros, y tras una buena subidita, localizo el lugar “de autos” y la cartera; así que media vuelta, y otra vez nos dirigimos a Boente. Afortunadamente el paisaje nos ofrece una alfombra dorada por la que caminar, con escasos restos de nieve, y con los primeros eucaliptos que ya se huelen.

Me he ganado a pulso fama de despistada, por lo que a partir de entonces, cada vez que reiniciamos la marcha por el motivo que sea, me preguntan si lo llevo “todo” encima, particularmente “la cabeza”…

Angelika pregunta por todo cuanto le rodea, especialmente por los hórreos, en Polonia no existen y se interesa por su cometido. En algún momento, la pequeña polaca me demuestra una capacidad de percepción de las relaciones humanas superior a lo normal.

El camino sube y baja al más puro estilo gallego. La verdad es que algún tobogán de esos me sobra, podrían poner un pequeño viaducto para el pobre peregrino cansado. La bajada hasta Ribadiso hace que mi rodilla derecha recupere antiguos y olvidados dolores, pero hemos pillado a los chicos de Narón, y como uno de ellos va más tocado y hundido que yo, llegamos al albergue en amena conversación

En el idílico rincón de Ribadiso descansamos un ratito y Angelika aprovecha para enseñarme las fotos que hizo cuando en Grañón decidió prescindir de sus largas y abundantes rastas. Se dejó solamente dos y las que se cortó, las lleva en la mochila sin que acierte a explicarme porqué. La casualidad ha hecho que en Grañón coincidiera con mi amigo Paco como hospitalero, por lo que me río con la sesión de peluquería y con las fotos de la paella que Paco preparó para los dos únicos peregrinos de aquella jornada.

En Ribadiso nos despedimos de Angelika, no la volveré a ver pero por Bejo, tendré noticias de su feliz llegada a Fisterra. Ella ya tenía previsto quedarse allí y a todos nos da un poco de pena dejarla sola. Sin embargo, es una chica dura, acostumbrada a la soledad, al frío, y con muy pocas pretensiones gastronómicas. Su mochila pesa más de la cuenta, pero se llevará a Polonia un Camino muy rico de experiencias y vivencias, un Camino al que volverá; de eso estoy segura.

Apenas 3 kilómetros nos separan de Arzúa y llegamos al albergue sin más incidentes. Me informan de que unos 5 kilómetros más allá una casa rural puede estar abierta. A la vista del retraso acumulado y que aún queda luz solar, decido probar suerte.

Agustín intenta convencerme para que no siga caminando. Considera que es una locura hacerlo sin móvil y a punto de caer la noche. Está convencido de que al día siguiente, habrá tiempo suficiente para entrar en Santiago a una hora razonable. Yo no lo tengo tan claro y asomo la vena aries y cabezota que me caracteriza. Sé que él habla con el corazón, pero en estos casos, hay que usar la razón –o no-, y estoy dispuesta a seguir.

Con mi decisión tomada, entro en el albergue a descansar un poco y a llamar para verificar que la Casa Rural esté abierta, de lo contrario, tampoco me quedarían fuerzas para llegar a Santa Irene. Al momento, se presentan en el albergue dos números de la Guardia Civil preguntando por mí y me pasan al teléfono al Comandante del puesto de Melide. El sargento, durante largos, muy largos minutos, me da un cumplido parte de todas las pesquisas, gestiones y entrevistas realizadas durante su jornada. Mientras hablo con él, voy mirando por la ventana rogando que el sol descienda lo más lentamente posible para poder seguir adelante. La conversación se me hace eterna. En cuanto cuelgo y manifiesto en voz alta que voy a seguir, los dos números se me cuadran, me miran de forma intimidatoria, se plantan enfrente de la puerta y disipan cualquier atisbo de duda que pudiera quedar en mi interior. La decisión está tomada, me quedo.

El albergue es un lujo aunque sobre alguna litera se cierne alguna corriente de aire que aconseja algún cambio. El comando lava y ducha se pone en acción, y finalmente, me regalo un merecido relax y una amena charla.

Por el Camino, y en bicicleta, ha aparecido Juan Carlos, de la asociación de Granada, con quien había hablado casualmente por teléfono acerca del Camino Mozárabe hace ya algunos meses. Nos reconocemos con facilidad.

Una apetitosa cena y un buen godello que comparto con los dos gallegos, nos dejan listos para un merecido descanso.

Siento que Santiago está cerca, pero muy lejos. Según las guías son poco más de 40 kilómetros; pero una ya sabe que no se puede fiar demasiado de los kilómetros gallegos. Al prestado teléfono, Manolo me da ánimos diciendo que es un paseíllo, que lo puedo hacer. Pepe y Agustín han prometido marcarme el paso. Pero a veces, confío poco en mis propias fuerzas y la duda me asalta. ¿Llegaré? Sí, llegar llegaré, pero la misa es a las 6 de la tarde, y eso ya lo veo más complicado.

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  Xaneiro 2010 o de como un gallofo .... (VII) 221 Gloria 10/03/2010 10:53
  Re: Xaneiro 2010 o de como un gallofo .... (VII) 43 Jabato 10/03/2010 11:51
  Re: Xaneiro 2010 o de como un gallofo .... (VII) 35 peregrina_entusiasta 10/03/2010 17:12
  Re: Xaneiro 2010 o de como un gallofo .... (VII) 28 Seis y Siete. 10/03/2010 18:36
  Re: Xaneiro 2010 o de como un gallofo .... (VII) 34 Penedo 10/03/2010 20:16
  Re: Xaneiro 2010 o de como un gallofo .... (VII) 21 Heidy 11/03/2010 19:47
  Re: Xaneiro 2010 o de como un gallofo .... (VII) 21 Paco59 11/03/2010 20:25